Figuras literarias

De todas maneras, subí hasta el puente, y la Maga no estaba. Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros (repetición de palabras

 Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo (repetición de palabras)

 Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra" 

Más de una vez la vi admirar su cuerpo en el espejo, tomarse los senos con las manos como las estatuillas sirias y pasarse los ojos por la piel en una lenta caricia"     símil y metáfora

 

Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua” (Símil)

 

Era el tiempo delicuescente, algo como chocolate muy fino o pasta de naranja martiniquesa, en que nos emborrachábamos de metáforas y analogías, buscando siempre entrar"

 

El amigo de Oliveira se llama Traveler ("viajero" en inglés), pero casi no ha salido de Argentina

Desde que Oliveira regresa a Buenos Aires, Traveler le pide que le hable sobre su experiencia en París, cosa que su amigo nunca hace. A Traveler le encantaría poder viajar, conocer el mundo, salir de la cotidianidad porteña. Pero las circunstancias de vida no le han permitido viajar, hecho que le pesa. Es irónico que el personaje que más quiere viajar se llame Traveler (palabra inglesa cuya traducción al español es "viajero")

 Esta ironía incluso es planteada por el propio Oliveira en el capítulo 37:

IRONIA

Oliveira trabaja en un manicomio cuidando a los internos, pero al final el que actúa como un loco es él

Hacia el final de la novela, Oliveira comienza a trabajar en un manicomio con Traveler y Talita. Horacio está al cuidado de los internos del lugar, lo que supone que él es una persona cuerda. Es irónico que Oliveira termine actuando como un loco, meciéndose en la ventana de su habitación del manicomio, amagando con tirarse. Él, que entró a trabajar allí para cuidar de las personas con trastornos psicológicos, termina actuando como un interno más.

 

La Maga es la última persona en enterarse de que Rocamadour está muerto

Oliveira descubre que Rocamadour está muerto y se lo cuenta a Gregorovius y a Etienne. Llega un punto en que la mayoría de los integrantes del Club de la Serpiente que están en lo de la Maga saben que el bebé murió, pero nadie se anima a decírselo a la madre. Es irónico que la Maga sea prácticamente la última en enterarse de que su hijo murió, después de transcurridas varias horas desde que la mayoría ya lo sabía.

Oliveira se siente más lejos de su país cuanto más cerca está

Oliveira regresa a su Buenos Aires natal y comienza a experimentar una sensación de lejanía respecto de su país, peor que la que sentía cuando estaba en París. De alguna forma, el hecho de estar de regreso acrecienta su nostalgia respecto de Argentina. Esto aparece de una forma explícita en el capítulo 40:

Más tarde te creí, más tarde hubo razones, hubo madame Léonie que mirándome la mano que había dormido con tus senos me repitió casi tus mismas palabras.

 

entonces te sacudías el agua del sueño y al final te convencías de que todo había estado muy bien

 

Más de una vez la vi admirar su cuerpo en el espejo, tomarse los senos con las manos como las estatuillas sirias y pasarse los ojos por la piel en una lenta caricia

 

Llegué a aceptar el desorden de la Maga como la condición natural de cada instante, pasábamos de la evocación de Rocamadour a un plato de fideos recalentados, mezclando vino y cerveza y limonada, bajando a la carrera para que la vieja de la esquina nos abriera dos docenas de ostras, tocando en el piano descascarado de madame Noguet melodías de Schubert y preludios de Bach, o tolerando Porgy and Bess con bifes a la plancha y pepinos salados era siempre yo y mi vida, yo con mi vida frente a la vida de los otros.



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